


Señor presidente:
Las bolsas plásticas están por doquier, miles y miles de millones de ellas se encuentran colonizando nuestra tierra, nuestros drenajes, ríos y mares. Cuando todos estemos muertos, ellas seguirán ahí todavía, ya que tienen la capacidad de durar por siempre.
Las bolsas plásticas son fácilmente llevadas por el viento. Se cuelgan de los arbustos y los cercos, flotan en los ríos, obstruyen los desagües, provocan la muerte de animales y contaminan visualmente cualquier paisaje. En lugares como África del Sur, las bolsas plásticas son tan comunes que las llaman la "flor nacional".
Los plásticos que utilizamos hoy día tienen su origen en un desarrollo de Alexander Parkes, quien los introdujo por primera vez en 1862, en la Gran Exhibición Internacional de Londres, Inglaterra. El material de Parkes era un derivado orgánico de la celulosa que podía ser moldeado calentándolo y que mantenía su forma una vez enfriado.
Pero no fue sino hasta 1909 que la palabra "plástico" se acuñó. Leo H. Beekeland usó el término para describir una nueva clase de materiales que incluían la baquelita, una sustancia creada a partir del alquitrán. Los plásticos se hicieron verdaderamente populares al finalizar la Primera Guerra Mundial, cuando el petróleo, una sustancia más fácil de procesar que el alquitrán, se convirtió en un recurso al alcance. El petróleo y el gas son los elementos básicos para la elaboración de plásticos.
Los plásticos están compuestos de polímeros con grandes moléculas, en unidades que se repiten, denominadas monómeros. En el caso de las bolsas plásticas, las unidades que se repiten son el etileno o eteno. Cuando las moléculas de etileno se polimerizan para formar polietileno, conforman largas cadenas de átomos de carbón.
Muchos tipos de polietileno se pueden obtener a partir del etileno. Las bolsas plásticas se producen con alguno de los tres tipos básicos: polietileno de alta densidad (HDPE), de baja densidad (LDPE) o de baja densidad lineal (LLDPE). Las bolsas que habitualmente se distribuyen en los supermercados son LLDPE o bien HDPE. La mayor diferencia entre ambas es el grado de unión de la cadena de polímeros. En las LDPE las cadenas están más ramificadas. Esta unión determina una cantidad de propiedades físicas de las bolsas, incluyendo su resistencia a la tracción y cristalinidad y por lo tanto a su utilización. También existen diferencias en cuanto al modo de la polimerización.
Según vimos, el Polietileno de baja densidad se obtiene a partir del etileno (monómero) y su densidad es 0,930 gr/cm3. Según hayan sido las condiciones de presión y temperatura del etileno y la cantidad de monómero utilizado, la cadena y peso molecular del polietileno obtenido será de mayor o menor longitud. El polietileno es sólido, incoloro, de translúcido a opaco, inodoro e insípido, no es tóxico, es muy oxidable durante el procesado, es moldeable con todas las técnicas aptas para los termoplásticos: extrusión, inyección, soplado, vacío, estirado, calandrado, compresión, etc. y coloreado con facilidad. Sus filmes y hojas son permeables a varios gases (dióxido de carbono, oxígeno, etc.).
En nuestro país su estructura de consumo, según la Cámara Argentina de la Industria Plástica, es la siguiente:
Películas (bolsas, envases p/leche, etc.) 65,5%
Moldeo por soplado (bidones, botellas, etc.) 15,0%
Moldeo por inyección (juguetes, menaje, envases para laboratorios, etc.) 16,5%
Otros 3,0%
Las bolsas plásticas han contribuido eficazmente a facilitar nuestra vida diaria pero, lamentablemente, el problema se presenta al momento de tratar de disponer de ellas.
La esperanza de vida de una bolsa plástica no se conoce en forma precisa. El polietileno fue inventado en la década del treinta y no se expandió a la industria de los supermercados hasta los setenta. Las estimaciones sobre su durabilidad oscilan entre 100 años, hasta la más reciente declaración del supermercado irlandés Musgrave de "un millón de años". No obstante, estimaciones actuales indican que cada año los británicos utilizan miles de millones de bolsas y, que los dos mil millones de bolsas utilizadas en la China cada día, quedarán en el suelo mucho después de que sus usuarios hayan desaparecido de la faz de la tierra.
Los consumidores han tomado conciencia sobre esto vagamente, en un nivel emocional, que se manifiesta bajo la forma de lo que podríamos llamar "bolsa-culpa": ese sentimiento enfermo que se tiene cuando, al abrir un placard en la cocina, se es golpeado por una avalancha de polietileno en, y utilizando la terminología ambiental, donde más duele; la estética. El término "polución blanca" ha sido acuñado en China para referirse a las matas de polietileno que ruedan por las calles. En Sudáfrica, la cantidad de bolsas en las calles es tal que los residentes dicen que frecuentemente parece que hubiera nevado. En algunos pocos países, algunos comerciantes han respondido a la montaña de bolsas vendiendo bolsas re-usables, haciendo que el personal consultara al cliente sobre la necesidad de llevar las bolsas plásticas ó, bien ofreciendo dinero para caridad por cada bolsa re-utilizada. El impuesto a las bolsas plásticas fijado por el gobierno Irlandés, de 9 peniques por bolsa, ha reducido su uso en un 90%. Sin embargo, esas bolsas todavía pueden tener un mejor fin.
Otra solución propuesta es la adopción de otro tipo de bolsas plásticas, las degradables.
Se entiende por plásticos degradables aquellos polímeros, que después de usados se descomponen bajo "condiciones normales" en un período relativamente breve, "desapareciendo" como material visible. Son plásticos que en su cadena de polímeros contienen componentes que pueden desencadenar una reacción de descomposición biológica o fotoquímica, que destruye la estructura encadenada de los polímeros. La pieza plástica primero se torna frágil, desintegrándose mecánicamente en pequeños pedazos. A medida que avanza el proceso de degradación el material se va desintegrando en partículas cada vez más pequeñas, hasta convertirse en anhídrido carbónico y agua. Según el tipo de reacción de descomposición los plásticos degradables se dividen en dos categorías:
Biodegradables: las cadenas de polímeros se descomponen por acción de encimas liberadas por microorganismos (bacterias), degradándose completamente a anhídrido carbónico, agua y biomasa.
De degradación fotoquímica: por efecto de la luz solar (radiación ultravioleta) las cadenas de polímeros se degradan formando cadenas moleculares más cortas, que a su vez pueden continuar degradándose por acción de microorganismos (biodegradación) o fotoquímicamente.
Otro procedimiento para la degradación ha sido rellenar el esqueleto del polímero con una mezcla "madre" de almidón, también polímero pero natural y devorable. Pero la experiencia indica que estos plásticos no pueden
considerarse biodegradables en un tiempo razonable. Los plásticos con almidón tienen que ser más gruesos para lograr la misma resistencia, y paradójicamente la película acaba necesitando tanto polietileno como antes.
Las bolsas degradables de nueva tecnología irrumpen gracias a la presencia de un componente que permite su sana descomposición: un ión metálico que es inyectado a la mezcla de polietileno en el último momento. Las variaciones en su concentración son las que le permiten a los fabricantes determinar las expectativas de vida de la bolsa y, por lo tanto, su uso -como llevar las compras a la casa o cualquier otro -. Las bolsas comunes no se descomponen debido a que sus cadenas moleculares son complejas e irrompibles.
Esta tecnología es conocida desde los setenta, pero no había sido demandada hasta el presente. No es un producto mágico. Hay otras tecnologías funcionales más antiguas basadas en almidón de maíz (Poliactide), pero presentan algunas desventajas. Nunca desaparecen completamente, aunque disminuyen hasta un nivel que es imperceptible para el ojo humano. El plástico de almidón de maíz es más débil y hay dificultades en hacerlo transparente. Además, su producción presenta un costo varias veces mayor que el plástico común.
Esta nueva tecnología, por contraste, reduce el peso molecular del plástico de 300.000 a 4.000, punto donde puede ser consumido por microorganismos. Es degradable más que biodegradable porque no depende de la acción catalítica de organismos vivos para su descomposición.
De todos modos, no podemos dejar de observar que si bien la vida útil de los productos que se presentan como totalmente degradables puede ser "programada" durante su fabricación, en general, incluye un margen flexible. Es decir que varios factores pueden acelerar la degradación, tales como luz solar, calor y stress (estiramiento y roturas), igualmente el proceso de degradación podrá ser considerablemente atrasado mediante enfriamiento o congelamiento. Es decir que son necesarias condiciones de almacenamiento apropiadas, aunque no especiales según los fabricantes, y rotación del stock.
Como es más el plástico que se tira que el que se recicla, lo lógico sería fomentar el uso de plásticos degradables. Pero varios estudios indican que el plástico en los rellenos sanitarios ocupa menos que el 5% del peso y el 12% del volumen de la masa, pero dada las
condiciones anaeróbicas en los rellenos existen muy pocas bacterias y los plásticos apenas se degradan. La lenta degradación del papel y de la materia orgánica se detiene a los 15 años, habiéndose descompuesto sólo el 25% de todo lo vertido. Por tanto, la bio o la fotodegradabilidad pierden sentido cuando se entierra la basura. Puede ser esta la razón por la que bastantes fabricantes de plásticos opinan que lo mejor es reciclarlos.
Concretamente entonces, las bolsas plásticas degradables no desaparecen de un día para el otro, sin dejar rastros. Requieren, como la basura en general, un manejo e instalaciones técnicamente adecuadas.
Así como los plásticos tradicionales, los plásticos totalmente degradables deben ser reciclados después de ser utilizados, descartados y recolectados. Durante el reciclado, el proceso de degradación de esos plásticos es interrumpido y los nuevos productos fabricados tendrán un comportamiento idéntico a los convencionales. Si se desea que los nuevos plásticos fabricados a partir del material reciclado también sean totalmente degradables, será necesaria una nueva incorporación de aditivo pro-degradación en el proceso de fabricación.
Sin embargo, el principio del reciclado requiere un examen más profundo. El reciclado funciona bien con vidrio y aluminio, entre otros materiales. Con los plásticos es un poco diferente. A menudo podemos encontrar hasta 3 tipos de plásticos en una botella plástica de refresco común. La tapa, el cuerpo y el rótulo, los cuales están fabricados por diferentes tipos de plástico, que no pueden ser reciclados juntos. Esperar que el consumidor separe cada tipo, es irreal. El espectro de los diferentes tipos de plásticos es tan vasto, que para aplicar el mismo proceso de recolección utilizado para botellas, aluminio y otros materiales, tendrían que existir recolectores diferentes, alineados, para depósito de los diferentes tipos de plásticos.
Más del 90% de los plásticos post- consumo en Argentina nunca son reciclados. La pequeña parte que es reciclada pierde mucho de su resistencia y tiene que tener su espesor incrementado sustancialmente para compensar esta deficiencia y poseer las mismas características de un plástico fabricado con materia prima virgen. La naturaleza funcional de un plástico reciclado es tan pobre que su uso muchas veces es limitado a bolsas muy gruesos para basura. También, estos plásticos reciclados con material plástico post-consumo pueden contener olores y su uso esta prohibido para contacto con alimentos. Estas características eliminan la posibilidad de consumo de plásticos reciclados en más del 50% de las aplicaciones.
El consumo de energía para el reciclado de plásticos es significativo. Como consecuencia de la necesidad de tener mayor espesor, por ejemplo el doble, el producto final reciclado será dos veces más pesado, consumiendo más combustible para el transporte, aumentando las emisiones de gases en la atmósfera.
Por lo tanto, necesitando utilizar más material reciclado para fabricar el mismo producto, se utiliza mucha más energía para producir algo que solamente podrá ser utilizado en poquísimas aplicaciones. El reciclado no auxilia como una solución ambientalmente justificable.

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